Debajo de la parra
Debajo de la parra se elevan las anécdotas del tiempo arrebatado por el viento. Surca el camino de los héroes la voz proveniente de un consuelo que se manifestó a orillas de un manantial que todavía nos conmueve.
Hablamos de lo que fue y lo que tal vez será; para el hoy se omiten las palabras, que sobran y no alcanzan por ser esta actualidad, precisamente, la que más se está viviendo a flor de piel.
Me cuentan parroquianos del lugar que aquí las cosas ya no son iguales -aunque jamás tan diferentes como para vivir sin reconocerlas-. Agrego, por mi parte, que entonces es preciso hablar de esencias, de aquello que permanece inalterable ante el devenir de un antes y un después que nunca se detiene; y que sólo cantará su estrofa del final aquel día en que llegue nuestra hora.
La abuela derrama una lágrima cuyo perfume nos inunda a todos. Flotamos allí sin miedo de ahogarnos ni sedientos de aquellas precauciones que exigen el pedir auxilio.
No es que tengamos seguridad de todo. O de que seamos muy valientes.
Es el amor, ni más ni menos y así de simple, lo que nos salva.




5 Comments:
Cuando las anécdotas se elevan bajo un techo entre sol y sombra se hallarán bien protegidas, incluso del viento que sòlo desmorona aquello que quedó olvidado a la intemperie.
Y en la memoria está la esencia que invocamos y que nos conmueve.
Tiernas las luces del pasado y sus atardeceres que alimentan la flor del hoy e iluminan un sendero ya sin héroes.
Nuestra única escolta, sí, es el corazón.
Un abrazo.
¡Cada párrafo merecería varios comentarios! Sí que estabas inspirado cuando lo escribiste...
Quizás eso sí tiene de bueno el verano: que la parra nos acoge en su sombra, y nos presta unos minutos de familiaridad, de humanidad...
JUNCAL: El paisaje es muy sugerente. Toda grata vivencia que se une a la naturaleza está destinada a perdurar por siempre.
DIEGO: ¡Sí! Muy cierto eso. El verano tiene eso, la familiaridad, el afecto, la humanidad... Más cuando uno está afuera y lejos de la casa.
Vivencias, tú lo has dicho.
Nada de lo que se consumó en sugerente, debiera quedar en el tintero ni deslizarse furtivo bajo la losa del olvido.
Las palabras mecen recuerdos, Adriano y éstos recomponen emociones y avivan estímulos.
Hasta la inspiración avivan.
¿ Vió ?
JUNCAL: Ja ja ja... Es cierto. A mí me pasa eso. No siempre, pero muchas veces sí. Sigo, lo del combo palabras-recuerdos-emociones-estímulos. Todo formando parte de lo mismo y dándole sentido al día a día.
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